PABLO PICASSO

El de Pablo Picasso es uno de los muchos nombres de grandes artistas del siglo XX que se han embozado una capa Seseña. El pintor y escultor malagueño falleció el 8 de abril de 1973 en Mougins, Francia, y hoy, en el aniversario de su muerte, rememoramos la curiosa historia que unió al artista y nuestra casa en vida, y también en la muerte.

La vida de Picasso, al igual que la de Seseña, está llena de anécdotas y curiosidades y, en algunas ocasiones, los caminos del artista y la sastrería se cruzan. Ocurrió por primera vez en el año 1955, cuando el torero Luis Miguel Dominguín, muy aclamado en España y a nivel internacional, le regaló al pintor una capa bordada. Una capa Seseña, claro, pues en aquella época la casa estaba muy vinculada al mundo de la tauromaquia. Hay muchas instantáneas del genio posando con la prenda en cuestión, pero si hay una que destaca por encima de las demás, es la realizada por el prestigioso fotógrafo estadounidense Irving Penn, que podéis ver en la galería fotográfica en la parte superior de este post.

El momento que unió definitivamente a Pablo Picasso y Seseña llegó con la muerte del genio, que fue enterrado con otro modelo de Seseña que le había regalado unos años antes Jacqueline Roque, su última mujer y musa. El relato de cómo recibió este presente también es digno de compartir, y es que le fue entregado más y nada menos que por el Real Madrid. Cuando Jacqueline quiso darle la capa, el pintor se encontraba en Francia, al igual que el equipo de Fútbol, que jugaba un partido en Niza. Así que la musa y Eugenio Arias, barbero y amigo de Picasso, se las ingeniaron para que la capa viajara hasta el artista a través del Real Madrid.

Fue esta misma capa con la que Picasso fue amortajado por Eugenio Arias en su lecho de muerte, y la que ha permanecido enterrada con él desde entonces. El modelo, reconocible por unos característicos claveles bordados, se mantiene hoy día en nuestra tienda, bautizado, como no podía ser de otra manera, como “Capa Pablo”.